Prediabetes y diabetes gourmand, a pesar de todo.

Cuando “cuidarte” te desregula: el problema de las barritas disfrazadas

Querido lector, ¿cuántas veces te pasó que estabas en la calle con hambre y, –aunque deseando comprarte un paquete de papas fritas o un alfajor– maldiciendo enérgicamente tu condición de glucémicodivergente, te pusiste las pilas, dijiste “voy a hacer las cosas bien”, y te compraste una barrita de cereales o similar (obviamente sin azúcar)?

Bueno, lamento decirte, glucodiver querido, que muy probablemente caíste en una trampa.

Hay productos que parecen diseñados para ayudarte a tomar mejores decisiones. Se presentan como aliados, como opciones “light”, “sin azúcar”, “con fibra”, “con proteína”. Te hablan en el idioma del autocuidado y la buena conciencia.
Y sin embargo, muchas veces son exactamente lo contrario: trampas ultraprocesadas que, detrás del envoltorio saludable, te desregulan la glucemia y te sabotean desde adentro.

Algunas barritas “fit” son el mejor ejemplo de eso.

No son una categoría nutricional. Son un invento de marketing. Y uno muy eficaz: se aprovechan de tus ganas reales de cuidarte, de resolver un snack rápido, de evitar una tentación más obvia.
Y muchas veces te hacen pagar con hambre, con picos de glucemia, y con algo más tramposo todavía: la sensación de haber elegido bien cuando en realidad te desregulaste sin darte cuenta.

¿Qué tienen muchas barritas?

  • Proteínas en dosis bajísimas y de bajo valor biológico. O sea: ni nutren ni sacian.
  • Maltodextrina y jarabes con nombres inofensivos (como “jarabe de tapioca” o “fibra de maíz”) que pueden disparar la glucemia más que el azúcar común. Sí, más.
  • Polioles como sorbitol o maltitol, que vienen disfrazados de “sin azúcar”, pero alteran el intestino y, en algunos casos, también suben la glucemia.
  • Fibras añadidas que no modulan la absorción de glucosa ni alimentan la microbiota. Solo rellenan el envase y justifican el marketing.
  • Poca grasa o grasas de mala calidad (como aceites refinados o hidrogenados), que, aunque pueden frenar el impacto glucémico inmediato, empeoran la salud metabólica general y aumentan la inflamación de bajo grado.

¿El resultado? Elevaciones glucémicas encubiertas, a veces incluso más fuertes que las que provoca un alfajor común, hambre poco después, y la falsa sensación de haber hecho “una buena elección”.

¿Por qué funciona esta trampa?

Porque apela a la estética de lo saludable: envase sobrio, mensajes amigables, ingredientes con nombres nobles como dátil, almendra, avena o fibra vegetal.
Porque la industria sabe hace rato que lo “liviano” vende más que lo nutricionalmente denso.
Y porque la idea de cuidarse quedó pegada –cultural y estéticamente– a comer poco, dulcecito, seco y sin grasa.

Pero cuidarse, en serio, no tiene nada que ver con eso.

¿Cómo elegir un snack, entonces?

Nuestro sistema, querido glucodiver, no necesita snacks edulcorados con eslóganes. Necesita:

  • Proteína de calidad (animal o vegetal completa) y en cantidad suficiente
  • Grasa que amortigüe el impacto glucémico
  • Fibra que haga su trabajo
  • Placer que sacie, no que pida más

¿Y si no encontrás una barrita confiable?

Probá con algo que funcione, aunque no venga en celofán ni tenga nombre en inglés:

🍫 Tres cuadraditos (10-20 g) de chocolate 85%. Tiene un impacto glucémico nulo o clínicamente irrelevante, es CeroG total. Y si lo combinás con almendras o nueces, mejor.

🥄 Una cucharada bien generosa (15-20 g) de pasta de maní o almendras (ingredientes: maní o almendras, sal; y a lo sumo eritritol o stevia pura, no me hagas aclararte esto cada vez). Te la llevás en un tuppercito, y santo remedio.

🏡 Si estás en casa, hacete nuestro IYFD™: snack de arándanos, crema y semillas o cualquiera de sus variantes (buscá la entrada acá en Ninética o en @soyninetica).

O cualquier otro snack pensado con criterio metabólico, no con estética de góndola “healthy”.

No se trata de demonizar. Se trata de mirar con más detalle.

De leer etiquetas (sí, señora, sí).
De entender que “sin azúcar” no siempre significa “sin impacto glucémico”.
De sospechar un poco más.
Porque mucho de lo que se disfraza de saludable… no tiene con qué sostenerlo.

No comas lo que solo parece bueno.

Comé lo que realmente lo sea.
Y disfrutalo, tu glucemia te lo va a agradecer.

Gourmand o muerte.

Bibliografía respaldatoria

Deja un comentario