Prediabetes y diabetes gourmand, a pesar de todo.

“Pero si es un pedacito nomás”

Cómo se arma el desastre con migas

A mí, para qué te voy a mentir querido glucodiver, me cuesta entender que UNA galletita o UNA cucharadita de dulce de leche o TRES Doritos (cómo los extraño) puedan hacerme mal en términos glucémicos.

Y me digo: “Es solo un poquito.”
Una cucharada, un mordisco, una tostada.
Y es verdad: ese gesto aislado no va a romper nada. El problema no es el acto puntual, sino su acumulación invisible.

Para quienes tienen una regulación glucémica afinada, el cuerpo resuelve esos desajustes sin demasiado esfuerzo. Pero para quienes vivimos con prediabetes o diabetes tipo 2, querido glucodiver, el margen de tolerancia cambia. Porque nuestro cuerpo ya no tiene el mismo rango operativo.
Y entonces, ese poquito con el que “no pasa nada”… pasa factura.

El asunto, como ya habrás adivinado, es la acumulación.

Hoy no tengo ganas de bañarme. ¡No pasa nada! Bueno, ya te diste cuenta.

Este post no es una advertencia catastrófica. No estamos diciendo que una galletita te va a dejar en coma. Pero sí que hay algo que muchas veces subestimamos:
el efecto acumulativo de los gestos cotidianos.

Ese “solo un poquito” no es peligroso por sí mismo.

Es peligroso porque:

  • aparece todos los días, o más de una vez por día
  • suele estar sin escudos (sin ninguna estrategia que amortigüe su impacto)
  • a veces se da antes de dormir, que es el peor momento para un pico de glucemia
  • se suma a un día donde ya venías pasado de vueltas, o desorganizada

Y cuando todo eso pasa, el cuerpo no llega a recuperar el equilibrio.
No hay tiempo de limpieza, no hay descenso suficiente.
La glucemia se mantiene alta más horas de las que debería, y eso –aunque no lo sintamos– es inflamación silenciosa, es desgaste acumulado, es progresión.

Lo que daña no es el azúcar

Esto puede sonar contraintuitivo, pero es importante:
lo que daña no es el azúcar.
Lo que daña es la persistencia de la glucemia alta.
Eso, con el tiempo, se traduce en inflamación crónica, resistencia insulínica creciente, cansancio que no sabés de dónde viene, hambre disfuncional, niebla mental y una lista de síntomas que ya conocés.

Por eso en Ninética no hablamos de alimentos prohibidos, ni de reglas rígidas, sino de impacto clínico.
De entender cómo responde nuestro cuerpo.
Y de armar una estrategia realista que nos permita comer bien, disfrutar, y no tener que andar pensando en cada cosa como si fuera una trampa mortal.

Estrategias concretas

Si querés mantener una relación sensata con la comida (y con tus datos clínicos), necesitás tres cosas:

  1. Saber qué alimentos son clínicamente irrelevantes para tu glucemia.
    → Tenés un montón: en la Zona Franca™ te damos ideas concretas.
  2. Tener escudos para las comidas que sí pueden desmadrarte.
    → Eso incluye estrategias como: qué comer antes, cómo combinar, cuánto moverte después. No es gilada, son tácticas eficientes.
  3. Entender que el cuerpo no funciona por excepción, sino por repetición.
    → Una vez por semana no jode. Todos los días sí.
    → No es moral, es fisiología.

En resumen

La glucemia no se desmadra por un día.
Se desmadra por la acumulación de “no pasa nada”.

Así que sí: podemos darnos gustos, podemos desviarnos.
Pero que no sea porque pensamos que no pasa nada.
Que sea sabiendo lo que estamos haciendo.
Y conociendo las herramientas para compensarlo.

Y sobre todo: ¡Que valga la pena! O sea: disfrutémoslo.

Gourmand o muerte.

Bibliografía respaldatoria

Deja un comentario